
Cómo elegir inmobiliaria en A Coruña
Para elegir inmobiliaria en A Coruña, fíjate menos en la marca y en el escaparate que en la persona que va a llevar tu venta: que te haga una valoración justificada, que te informe de lo que ocurre en cada paso y que sepa escuchar y comunicar. Desconfía de quien te prometa un precio o un plazo demasiado bonitos para conseguir el encargo. Y antes de firmar, revisa el contrato: una duración razonable, como tres meses, y unos honorarios que no se cobren enteros antes de la notaría.

Miguel Cintado
Arco Inmobiliaria
Revisado en septiembre de 2026, con la normativa vigente.
Lo que de verdad distingue a un buen agente
Todos sabemos lo que una inmobiliaria suele ofrecer: preparar la vivienda, fotografías profesionales, anuncios bonitos, planos en 3D, visitas virtuales… Son cosas útiles, pero ninguna marca la diferencia. Lo que diferencia a un buen agente es su experiencia en lo fundamental de su trabajo, que se puede resumir en tres palabras: facilitar la compraventa.
Al comprador, ningún agente lo va a convencer de que le gusta una vivienda que realmente no le encaja; lo que sí puede hacer un buen agente es allanarle el terreno: si ve que necesita una reforma, le consigue un presupuesto; si no encuentra financiación, le ayuda a encontrarla… Son muchos y muy variados los casos que se pueden llegar a presentar pero casi siempre se puede llegar a una solución cuando la vivienda ya le ha entrado por los ojos.
Al vendedor, para que entienda lo que está pasando con su vivienda, tiene que darle información: los precios de la zona y de las viviendas parecidas, cómo evoluciona el mercado, cómo funciona su anuncio en los portales frente a los de la competencia… Sólo así podrá tomar decisiones fundamentadas.
Y para todo eso hacen falta sólo dos cosas: saber escuchar y saber comunicar. Parece de lo más simple, pero es más difícil de encontrar de lo que imaginas.
Caso real. Una propietaria me encargó vender un piso que compartía con su madre. La valoración salió bastante por encima de lo que ella esperaba, y a los dos días de publicar el anuncio había unos compradores dispuestos a pagar ese precio. Fue entonces cuando me contó que su madre, por su estado de salud, legalmente no podía firmar. Hacía falta una autorización del juzgado, que tardó casi dos años en llegar, pero las arras se firmaron al poco del acuerdo, debidamente redactadas por un abogado para cubrir esa espera: la venta quedó asegurada, los compradores pudieron iniciar la reforma y la vendedora pudo contar desde el principio con un dinero que necesitaba para los cuidados de su madre.
SE VENDIÓ
En qué fijarse antes de elegir
Antes de firmar con una agencia, fíjate en tres cosas:
- Una valoración justificada. Antes de firmar nada, la agencia tiene que decirte cuánto vale tu vivienda y por qué, con qué datos lo ha calculado. Una cifra sin explicación no sirve para decidir.
- Información en cada paso. Mientras la vivienda está a la venta, tienes que saber qué está pasando, tanto en los portales —cómo funciona el anuncio frente a otros parecidos— como en la realidad: qué visitas ha habido y qué han dicho quienes la han visto.
- La persona que llevará tu venta. Una empresa no es más que un conjunto de personas: por muy fuerte que sea la marca, si la persona que lleva tu venta falla, falla todo. Lo ideal es tratar con una sola, que conozca tu vivienda y tu situación de principio a fin.
Señales para desconfiar
Cuando una agencia quiere conseguir tu encargo, lo más fácil es decirte lo que quieres oír. Por eso conviene desconfiar de tres cosas:
- Un precio o un plazo demasiado bonitos. Una valoración muy por encima de lo que dicen los datos, o la promesa de vender en pocas semanas, suele ser una forma de captar el encargo. Después, cuando la vivienda no se vende, llega la propuesta de bajar el precio.
- «Tengo clientes buscando una vivienda como la tuya en tu zona». Es justo lo que un propietario quiere oír, y por eso se usa tanto para captar, pero suele ser falso.
- El servicio «premium». Lo que se paga de más en las agencias más caras suele ser la ubicación de la oficina, su decoración o la imagen del agente. Pero la calidad del servicio no tiene un coste material: depende de la dedicación y la experiencia de la persona que gestiona la venta.
El contrato de mediación
El contrato de mediación —el acuerdo por el que encargas la venta a una agencia— es lo que más desconfianza suele generar, y hay propietarios que prefieren un acuerdo de palabra. Es un error: un contrato pone por escrito los derechos y las obligaciones de las dos partes, y tenerlos claros da seguridad y tranquilidad a ambas.
La exclusiva. Firmar en exclusiva significa que, mientras dure el contrato, ninguna otra agencia puede vender tu vivienda; si tú puedes venderla por tu cuenta depende de lo que diga el contrato. Es comprensible que no guste atarse, pero la exclusiva le da a la agencia la tranquilidad necesaria para invertir más tiempo y dinero en la venta —por eso yo la prefiero, aunque me adapto a lo que decida cada propietario—.
La duración. Tres meses son suficientes para juzgar si el trabajo de la agencia es el adecuado. Algunas agencias piden exclusivas de un año: muy cómodo para ellas, pero muy limitante para el propietario.
Los honorarios
Lo habitual es que la agencia cobre al vendedor entre un 3% y un 6% del precio de venta, más IVA —yo cobro un 3%—. Pero tan importante como el porcentaje es cuándo se paga:
- Nunca el total tras las arras. Si el comprador se echa atrás después de firmarlas, la vivienda se queda sin vender y la agencia habría cobrado como si se hubiera vendido. Además, dejar una parte para después de la notaría hace que el trabajo entre las arras y la escritura —el papeleo, que a veces es complejo— se haga con más celo. Yo cobro la mitad tras las arras, si el dinero entregado cubre la factura, y el resto en la notaría.
- Con la financiación pendiente, esperar. Si las arras incluyen una cláusula que permite al comprador echarse atrás si no consigue la hipoteca, lo razonable es que la agencia no cobre hasta que venza ese plazo o se confirme la financiación. Si no, podrías pagar por unas arras que acaban cancelándose.
- ¿Y al comprador? Es legal que la agencia le cobre también a él, siempre que tenga un contrato propio con el comprador y no le repercuta lo que te cobra a ti. En Galicia no es lo habitual, y hacerlo espanta a muchos compradores, así que dificulta la venta.
¿Y si vendo sin inmobiliaria?
Se puede hacer y hay una parte sencilla. Poner un anuncio y enseñar la vivienda lo puede hacer cualquiera, y casi todo el mundo sabe más o menos cómo está el mercado, porque de una forma u otra todos formamos parte de él. Todos tenemos una idea aproximada de lo que vale nuestra vivienda, aunque es fácil sumarle un valor emocional que para el comprador no existe.
Lo difícil es otra cosa:
- El papeleo. Hay que conocer, al menos por encima, cómo funcionan el Registro de la Propiedad, el Catastro y la notaría, porque de ellos depende que la venta llegue a firmarse —lo cuento en cómo vender un piso en A Coruña—.
- Negociar con frialdad. Es difícil cuando lo que vendes ha sido tuyo durante mucho tiempo y lleva una parte emocional pegada.
- El tiempo. A veces hacen falta muchas visitas hasta dar con el comprador, y eso consume más tiempo del que parece a priori.
Si te ves capaz de las tres cosas, puedes vender sin inmobiliaria.
Preguntas frecuentes

Si estás pensando en vender tu vivienda, lo primero es saber cuánto vale. La valoración a distancia es gratuita y sin compromiso: me cuentas cómo es tu piso y en menos de 24 horas tienes el informe. Y si tu caso es complicado, escríbeme, lo miramos juntos, y buscamos la mejor solución.

